Vikingos

Por Alejo Ruiz

¿Los herederos de Zeppelin?

No sabemos cómo habrá sido el momento, pero lo imaginamos así:
El teléfono sonó cuatro veces antes de que una mujer lo levantara del otro lado.
-¿Hola?
-Hola, ¿señora Kiszka?
-Sí, ella habla.
¿Se encuentra Josh?
-Sí, un segundo por favor.
¡Josh! ¡Josh, la puta madre bajá la música, tenés teléfono! Una puerta se abrió de golpe al final de un corredor y se escuchó escapar un gruñido, probablemente de Howlin’ Wolf. ¡¿Y quién es?!
-Uf, estos chicos, disculpe señor, me dijo que era..
-Robert, señora.
¡Robert!, dice que se llama Robert, mientras seguía filtrándose la música a lo lejos. ¿Y quién carajo es Robert? Un arañazo electrónico señaló el momento en que se arrancaba el teléfono de una mano y volaba hacia un rostro nuevo.
-Hola, ¿quién habla?
Robert.
-No conozco ningún Robert
Plant.
-…
-…
-Tiene que ser una joda.
-No, no tengo manera de probártelo pero tampoco me importa tanto. Llamaba para decirte una sola cosa…
-¿Qué cosa?
-Lo que hacen es jodidamente bueno – respondió el cantante de Led Zeppelin.
Silencio. Tono. La llamada terminó, fin del diálogo entre dos generaciones.

Con esta fantasía introductoria -no tan fantástica porque la felicitación existió en el mundo de los vivos-, nos place presentarles a Greta Van Fleet. Tres hermanos y un amigo, cuatro monstruos que ostentan las púberes edades de 18 y 21 años y que logran recuperar el sonido arrasador del rock de los ’70. Banda joven, influencias a flor de piel… qué nos deparará el próximo álbum de estos astronautas que nos devolvieron la fé a todos los que algunas vez hicimos el zeppethon tomando cervezas y tratando de entender por qué mierda nos tocaba vivir nuestra época cuando todo lo bueno ya había pasado…al parecer, no todo.

Los aullidos al mejor estilo Plant, el blues que atraviesa cada nota distorsionada, las secuencias potentes de bajo que no se achican al lado de una batería golpeada por un joven animal salvaje. Una sensación de vértigo que se detiene solo a breves intervalos, una caída libre sin paracaídas.

Las teclas se amontonan bajo los dedos apresurados. Pero todas las palabras saben a poco cuando carcome la urgencia real de que terminen de leer y escuchen, para que entiendan de qué estamos hablando. Un disco destinado a hacer historia. Los dejamos a solas.

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