Primera tormenta

Por Manu Stein

“(…)La cabellera de los torturadores sangra en mi carro. Nosotros: desatormentándonos para siempre. PD: Yo te amo Beatles”. Pescado Rabioso

Noche cerrada. Tal la oscuridad, que ni la luna se atrevió a mostrar la cara. Las nubes se apelmazaban inquietas, mirando todas a un mismo punto, dando la espalda al mismísimo firmamento, comprendiendo que algo debían hacer, pero sin saber qué. Negras, como un campo de pólvora aguardando una chispa, se empujaban unas a otras sin hacer más que aumentar una tensión ya insoportable.

Septiembre de 1972. Un destello fracturando la oscuridad. Un rugido arrasando el silencio. Y una liberación de energía cuya violencia es igualada únicamente por la gracia de su silueta.

Con una fuerza poco habitual para la música nacional de la época, solos dignos de la atención de cualquier rockero y una base demasiado subida de tono para un blues, irrumpe Blues de Cris: un cartel de advertencia para lo que se aproxima. Una pieza relativamente sencilla comparada con gran parte de la obra de Spinetta, pero innegablemente contundente.

Ya comprendiendo el tipo de viaje en que acabamos de embarcarnos, comienza El Jardinero. Nueve minutos de duración y un estilo claramente menos ortodoxo que el de su predecesora nos recuerdan, sin perder la estética del álbum, que nos encontramos ante un disco del Flaco, y que todo tendrá una vuelta de tuerca más.

El viento para; el cielo comienza a abrirse; las aguas se calman. Con tres voces acompañadas por nada mas que dos guitarras y un ocasional platillo eléctrico, la turbulencia parece haber pasado. Una sonoridad luminosa, una letra mas optimista y un ritmo relajado hacen destacar a este tema casi como la antítesis del propio disco que la contiene. Eso es Dulce 3 nocturno. El canto de sirena que nos arrojará al centro de una tormenta que ya no volverá a amainar.

Algo flota en la laguna: El punto cúlmine del álbum. Una avalancha de seis cuerdas, un ritmo inamovible y una lírica con una oscuridad que excede el calificativo de “tinte”. Ya no hay insinuaciones. Se acabó el disimulo y no hay lugar para modales. La garganta de Luis dispara los versos sobre un riff que no para de crecer, y se muestra entonces con claridad la esencia iracunda del disco. El relámpago impacta; el trueno aúlla; el silencio se calla.

Finalmente llegamos a Serpiente viaja por la sal. Un tanto mas tranquila, con diversos momentos claramente delimitados y una intensidad general mucho menor, termina siendo una suerte de vuelta a la calma que nos ayuda a volver a tierra.

En posteriores reediciones serían agregados los célebres temas Me gusta ese tajo, Despiértate nena y Post crucifixión. El primero, un blues hecho y derecho. El segundo, también con un tinte blusero aunque mas oscuro. El tercero, un souvenir de la fuerza del album original.

Desatormentándonos fue uno de los primeros discos pesados del país. La maestría de Luis Alberto en el manejo de la sonoridad del idioma y la sutileza en la composición, todo coronado por la participacion de Black Amaya, Osvaldo Frascino y Carlos Cutaia lo convirtieron en un hito indiscutido del rock argentino.

Lo demás, lo dejo a su criterio.

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