Fun Punky People

Por Dante Malaspina

Los padres del East Bay Punk, tan efímeros como valiosos, entendiendo a la anarquía como algo más que un grito al cielo

La primera, única, última y más exitosa obra de Operation Ivy, Energy (1988), nos introduce a nosotros y al mundo entero al Ska Punk, camino iniciado e insinuado por The Police y The Clash, convirtiéndose en los padres del género y de la escena East Bay Punk (Green Day, The Offspring, Dead Kenneddys, NoFX, entre otras).


La banda conformada por los jóvenes veteranos Jesse Michaels (Vocalista Principal), Tim “Lint” Armstrong (Guitarra, Vocalista), Matt “McCall” Freeman (Bajo, Vocalista), y Dave Mello (Batería) demuestran que los años vividos sólo adquieren sentido en virtud de la experiencia depositada y formada durante ellos. Siendo así que con su temprana edad entre 19 y 22 ciclos la mayoría de sus integrantes ya habían pertenecido a dos, tres y hasta cuatro conjuntos previamente, formándose cada uno en su recorrido una imagen e idea propia de la música y el punk. Dichos senderos fugazmente convergieron en una obra revolucionaria musical y políticamente, para volverse a abrir, siendo que Freeman y Armstrong formaron a posterior el conjunto Rancid.

Ante todo quiero reivindicar ese nicho que muy pocos toman en cuenta al escuchar una banda de punk: las letras. Distintos que sus predecesores hacia mediados de los ’70 que convocaban a la revuelta, con la destrucción y el inconformismo como estandarte de guerra; Operation Ivy retoma la revuelta y la reivindica como revolución pero no sólo de la estructura política sino también de la estructura mental y de las relaciones sociales.

Alrededor de sus letras se critican amplias temáticas  como el poder, la religión, la existencia humana, la idea del progreso, la violencia, la política, la guerra, el género; sin olvidar construir una salida de ello mediante la unidad, la música y las amistades: “Ain’t nothing wrong, with another unity song”, como podemos oír en Unity. Vemos reflejado en ellas el espíritu que sigue cargando la cooperativa de 924 Gilman Street donde nacieron esta y decenas de bandas más. Estrofas cantadas por los especiales y veloces juegos de voces de los vocalistas que intercalándose logran hacernos sentir en cada fibra de nuestro cuerpo lo más crudo de la injusticia con voces desgarradoras como lo apacible de una cerveza con amigos a través de sus tonos más melódicos.

La velocidad y potencia va a estar presente en todo el disco. Es indudable y evidente en cada nota y cada instrumento. Ya sean los golpes de la batería, el virtuosismo del bajista, oponiéndose al paradigma Sid Viciuos, luciéndose en cada solo como en el comienzo de The Crowd, la guitarra con sus memorables riffs como en Big City y la voz que, ya acordamos, no se queda atrás nunca, salvo en secciones corales que nos harán gritar con ellos (Si estas en la calle, no tengas miedo, podes cantar). Sorprende la falta de vientos ligados casi inconscientemente al ska, pero eso sólo nos delata lo pionero de la banda, siendo el único instrumento de este tipo el saxo seductor de Bad Town. Tal vez el virtuosismo pueda verse opacado por la velocidad y la potencia para el oído no aguzado (a pesar de la calidad del sonido logrado para el tiempo y lugar en que se grabó) hasta que nos topamos con el único tema instrumental: Bankshot. Aquí se hace imposible no notar la habilidad del conjunto.

Operation Ivy no sólo reinventa el punk en las letras, sino también en el estilo musical, uniéndose al ska que acelera los ritmos y bases del reggae, indicando la construcción de un nuevo giro musical, más que la pancarta contra la melodía del punk.

 

 

Fuera de la estructura, la métrica, el aparato social, el movimiento revolucionario y la mar en coche, es un disco ante todo divertido, carnavalesco y positivo. Cada nota nos va a dar ganas de saltar y hacer lo que en una entrevista Jesse reveló como happy mosh pit. Aquí no hay deseo de dañar, sino de compartir ese momento de unidad y éxtasis con otros que lo disfrutan igual que uno.

Tal vez pueda sonar demasiado idealista e infantil pero voy a atreverme a que conteste Luca por mí. Cuando el preguntaron sobre el nombre de “El Reggae de Paz y Amor”, contestó: “Empezó como una tomada de pelo sobre la paz y el amor, pero terminó siendo en serio, porque al final, ¿quién no quiere la paz y el amor?”

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