Deus Lhe Pague

Por Dante Malaspina, Alejo Ruiz y Manu Stein

Ninguém
Ninguém vai me acorrentar
Enquanto eu puder cantar
Enquanto eu puder sorrir”

“Nadie
Nadie me encadenará
Mientras yo pueda cantar
Mientras yo pueda sonreír”

Cordão, Chico Buarque (1971)

La música no hace oídos sordos frente al ruido que la rodea, y mucho menos al silencio. Se alimenta de aquello que la angustia (“primer juicio de la negación” supo decir Cortázar), que la asusta, que la calla para expresar un lamento, una desolación (por qué no volcar todas las lágrimas que hagan falta). Una vez secos y abiertos, los párpados y los labios apuntan a las víctimas y a los victimarios, atando a cada uno a su miseria, rompiendo las cadenas de los agraviados, dejando sólo una profana extremaunción a los agraviantes condenados a marchitarse.

La música, subterfugio de los militantes de la humanidad, es ese lugar que ocupa Chico Buarque y que por momentos parece que le queda pequeño. En 1971 a sus tempranos y agitados 27 años el trovador brasileño presenta la placa Construção, donde la crítica y la anomia frente a un régimen totalitario, gobernante desde 1964, se sentirá en el trascurso de las diez canciones teniendo más bajos que altos. Fruto de circunstancias particulares, aunque no extrañas para el momento, su encarcelación en 1968, su exilio en 1969 a Italia y su vuelta en 1970 (mismo año que sería torturada por el Estado terrorista la exmandataria brasilera Dilma Rouseff), le otorgaron al artista una perspectiva más amplia de un panorama que no ignoraba pero que tampoco había vivido en carne propia.

La samba y la bossa nova son arcilla en las manos de Chico Buarque. Desde flautas hasta saxos, pianos en todo su espectro melódico, coros cariocas y percusiones propias del género, como maracas, timbales y pandeiros, todo conjugado de manera excelsa con el ritmo inconfundible de Brasil.

Por momentos adquiere tintes tétricos como en Deus Lhe Pague, un cántico irónico acompañado por un piano en claves graves y perturbadas donde se le agradece al régimen hasta por “dejarme respirar, dejarme existir”, estallando en un coro, en un grito de miles, escupiéndole sus miserias al gobierno de facto. Si bien no abundan, habrá momentos más alegres, como en  Cordao, cuyo suave fluir de tonos vocales, junto con la constancia danzante de las percusiones flanqueadas por vientos, y un contrabajo que se percibe aunque no se siente, nos dejará un aire más relajado, incitándonos a no dejar caer los brazos ni, lo más importante, la sonrisa.

También pasaremos momentos engañosos en la Samba de Orly, siendo la más rápida y carnavalesca del disco, que sin pretender demasiado oscurantismo, revela desde un principio los desvelos de un exiliado, siendo que Orly era el aeropuerto en Francia donde arribaban estos últimos.

Centrándonos en las letras, genialidades aparte que merecen ser reconocidas: Cotidiano y Construcão. La primera, inicialmente parecería hablar de un hombre que vive su día a día yendo a trabajar y cuya mujer lo espera ávidamente. Sin embargo, personifica al régimen dictatorial, el cual hacía una celosa vigilancia y censura que inspiraba un estado de terror. El miedo y el agotamiento se sienten entre estrofa y estrofa, en un corte donde sólo quedan  platillos y un acorde de guitarra; retomando pesadamente siempre con algún agregado de flauta y luego de violines, representando el creciente sentimiento de hartazgo y hastío.

La pieza homónima al disco nos relata de una manera originalmente minimalista un día más de un obrero alienado yendo a trabajar, levantando paredes, ladrillo tras ladrillo, que inesperadamente sufre un accidente que lo conduce a su muerte. Las tres secciones de la canción parecen en primera instancia iguales, con pequeños cambios, dándonos así distintos puntos de vista, notables en el último verso de cada estrofa. Entre ellas quedarán intersticios cada vez mayores donde se colaran los violines, progresivamente derrotistas, los saxos, fatalistas por naturaleza, hasta gritar contra el “Milagro Brasilero”, nuevamente agradeciéndoles por nada: Ojalá “Deus Lhe Pague” a la manera de un bis simbiótico.

La voz de Chico Buarque se levantó desde la oscuridad arrojando luz y arremetiendo contra una época plagada de tinieblas. Nosotros vivimos en un sol que en días como hoy perdemos de vista, no sabemos con certeza qué pensarán los dinosaurios en la cama, pero si sabemos que el pueblo sólo quiere una cosa: o povo quer Lula livre!

 

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