Un beat perdido en el tiempo

Por Alejo Ruiz

 

“Todavía nos quedaba mucho camino. Pero no nos importaba: la carretera es la vida“. Jack Kerouac – En el camino – 1957

Tom Waits, 1974. Toooom Waiiits. No. No tengo la menor idea de cómo presentar a este animal poético de cincuenta dedos y dar en la nota justa, lograr un arpegio de letras concreto, un acorde de palabras al que pueda reducirse este viaje intenso por las luces y sombras de un bulevar nocturno, zigzagueante, profundamente ebrio.
Volvamos a empezar. En el año 1974, el Sr. Thomas Alan Waits, mejor conocido como Tom Waits, irrumpió en escena con su segundo álbum de estudio: The Heart Of Saturday Night. Una verdadera obra de arte de un hombre que parece haberse extraviado en el tiempo. Un auténtico postbeat con una voz desgarrada y abismalmente profunda, al que encontramos en este disco todavía joven y con las cuerdas vocales aún intactas.

New Coat of Paint es la obertura perfecta, una que claramente figura en mi top ten personal de mejores primeros temas. Un piano despiadado, un contra nostálgico y una voz que resuena como una marca registrada, nos abren las puertas a este poema de once estrofas.

La serenata que le sigue amenaza con hundirnos en un pozo demasiado profundo del que somos rápidamente rescatados por una trompeta sexy, en un Semi Suite que roza la aureola del pezón de un jazz absolutamente erótico, de tabaco negro, whisky y labios color carmín.

Si uno se deja llevar, la voz de Tom Waits nos mete directamente en ese bar de corazones rotos de alguna ciudad de película portuaria, donde los más duros resisten las lágrimas de un viento negro. Viendo la temblorosa ceniza colgar de un cigarrillo abandonado por una mente extraviada en viejas historias, allí nos ubica Shiver Me Timbers.

En ese momento donde no entendemos qué pasó con el espíritu de esa primera canción que parece tan lejana, a toda una tormenta de tristeza de distancia, un  contrabajo camina decidido hacia nosotros, extendiendo su mano salvadora, en Diamond On My Windshield para arrojarnos nuevamente a la fría calle de un empujón.

El tema que lleva el nombre del disco nos hace entender de qué está hablando nuestro amigo de las mil voces. “Barrelin’ down the boulevard / You’re looking for the heart of Saturday night”, nos susurra al oido mientras escondido bajo su bombín continúa las andanzas de Jack Kerouac, ese lejano y querido beatnik que un día supo llenar nuestros corazones de caminos interminables, esos que no conducen a ninguna parte y, por tanto, nos llevan exactamente al lugar donde siempre quisimos estar.

Las cuerdas que juguetean con los vientos en Fumblin’ With The Blues, la profundidad de los acordes de un piano ebrio que acompañan cada instante de Drunk On The Moon, lo vuelven un disco perfecto y roto, en mil pedazos, eternamente itinerante.

Un excelente álbum plagado de climas que no abandonan la nostalgia bohemia pero jamás nos hunden en la tristeza. Un blues de ciudad en perfecta articulación con un sonido jazzero y una impronta de rock prehistórico que hace de éste un artista realmente único.

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