Are You Experienced?

Por Alejo Ruiz

Las botas militares y el racismo siempre fueron de la mano. Algo de eso ocurría por Londres en los años 60, algo de lo que ni Hendrix se vería exento

La noche estaba realmente deliciosa. Las nubes continuaban cerniéndose sobre los edificios bajos de la urbe. Pero eso parecía ser lo normal. Desde que había puesto un pie en Londres unas semanas atrás, el sol se había convertido en un lejano recuerdo.

La brisa era fresca, pero la luna que se asomaba a breves intervalos detrás de la bruma calentaba el alma. El cuerpo se mantenía tibio debajo de la increíble chaqueta de un antiguo uniforme militar de fines del siglo XIX que estaba “estrenando”. Unos días atrás, paseando por uno de los tantos rincones de esa mitológica ciudad,  el destino le había puesto delante una feria americana con ropa alucinante. Lo que le fascinaba de ese tipo de camisas eran los detalles, los colores, los contrastes metálicos de las insignias contra el fondo de un color profundo e intenso. La posibilidad de ser él y no tener por qué vestirse como todos los demás.

 

Caminaba sin rumbo, deambulando por los empedrados, pateando botellas vacías. Esa ciudad era increíble. Ahí la gente sí que sabía escuchar música. Todo estaba ocurriendo allí en ese momento. Si alguien le hubiera preguntado hace unos años atrás, jamás habría afirmado, sin pecar de mentiroso esperanzado, que sus pies lo conducirían a Inglaterra. Menos aún que sería el bajista de los Animals, Chas Chandler, el que lo subiría a un avión transatlántico, lo alojaría en lo que hasta hace poco había sido la casa de Ringo Starr y lo llevaría a volar por los pequeños universos musicales que se fundían con el fondo melódico de una generación que sonaba cada vez más fuerte. Sí, definitivamente esa ciudad tenía algo. Debajo de cada piedra, una nueva banda. A la vuelta de cada esquina, un futuro legendario.

Estados Unidos no estaba mal. No era eso. Era la sordera cómoda, que lo mantenía siempre en un segundo plano, atado a las estructuras. Esa pesada rigidez que no le permitía romper las barreras de lo familiar. No se arrepentía de nada, de la calle, del Ejército, de los días largos sin comer, con el estómago hecho un nudo. Todo eso lo había llevado hasta allí. Todo eso y su guitarra. Esa primera hermana de seis cuerdas que le diera su padre de niño. Ella fue la que logró comprarle un pasaje al mundo que siempre había querido conocer. Al que siempre había sabido pertenecer.

Jimi Hendrix caminaba sin rumbo, deambulaba errante por los pasillos de Londres. Su mente poblada de sensaciones, su cuerpo absorbido por los pensamientos más potentes. Sus manos eran un manojo de sueños y sus pies, un mecanismo siempre dispuesto a afrontar los más ásperos caminos.

Todavía no sabía dónde terminaría esa noche. Su sombra y su guitarra lo llevaban crucificado bajo las tenues luces de los faroles londinenses. No tenía apuro. En una noche fresca lo único que quedaba era dejarse flotar por la bruma hasta algún bar.

Caminaba sonriendo. Los recuerdos del show que habían dado unas horas atrás se le presentaban en su mente como una fusión de luces incandescentes y melodías distorsionados. La banda había sonado increíble. Todo había encajado a la perfección. La sala explotaba de gente.

Desde el momento en que Hey Joe y Purple Haze tocaron las calles, alcanzando en pocos días los primeros puestos de los rankings del Reino Unido, todo iba encaminado. Ya no faltaban más que unos meses para que su primer LP saliera al mercado. El 12 de mayo de 1967 el mundo conocería Are You Experienced?

Su mente surfeaba por aquellos valles, al tiempo que sonreía a las hermosas chicas que pasaban por su lado en pequeños grupos. En un momento de soledad y silencio, las cálidas luces de la noche londinense se vieron opacadas por el fantasmagórico resplandor azul de la parca. Seis policías bajaron del auto con cara de astutos, el odio oficial surcaba sus cara.

-¿Qué es eso que tenés puesto? – lo increparon, señalando la chaqueta.

-Una camisa, oficial. ¿Le gusta? – respondió Jimi sonriendo.

-Es un uniforme.

-Es usted realmente un observador nato. ¿Lo dice por el escudo o por las medallas?

-¿Sabe que muchos hombres lucharon y murieron por ese uniforme?

-¿Dónde?¿En el Cuerpo de Veterinaria del Ejército Real de 1898?

El oficial apuntó con su linterna a la pequeña impresión de la placa y comprendió su error con un gruñido.

-¿Intenta pasarse de listo?

-No, señor. Me gustan los uniformes. Llevé uno por mucho tiempo en el Ejército de Estados Unidos. Y además, jamás buscaría pasarme de listo con un oficial -respondió Hendrix luciendo treinta y dos dientes perfectos con una de sus sonrisas, al tiempo que encendía un cigarrillo.

– ¿Ejército de Estados Unidos dice? – respondió el efectivo mirando con desprecio la porra que nunca terminaba de crecer sobre la cabeza del negro – ¿Quién es usted?

-Jimi Hendrix, guitarrista y cantante de The Experience – respondió señalando con una bocanada de humo el instrumento que colgaba de su espalda.

A esa amena presentación siguió todo el protocolo al que se atienen los policías cuando consideran no han hecho de tu vida un infierno lo suficientemente miserable. Pasaporte y mucho más. Los efectivos pidieron a Hendrix que los convenciera de que su acento era realmente norteamericano. Una demostración más de la hospitalidad extranjera de las fuerzas represivas del Estado.

Entre risas y chistes con botas militares, la pantomima llegó a su fin. Hendrix pagó el atrevimiento de vestirse como se le viniera en gana con una advertencia:

-Nunca más quiero volver a cruzarte con ese uniforme – ladró el oficial.

En el momento en que Jimi se alejaba, otro de los efectivos le gritó codeándose con sus compañeros:

-¡Eh! Dijiste que estabas en The Experience, ¿qué experimentás?

Acoso – gritó Hendrix con una enorme sonrisa antes de echarse a correr y perderse en la oscuridad de las calles de Londres sin mirar atrás.

 

 

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