Todos soñamos con ovejas eléctricas

Por Dante Malaspina

“La luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo, y tu has brillado mucho”. Blade Runner (1982)

Riddley Scott en Blade Runner, el filme de ciencia ficción de 1982, nos introdujo en un mundo paradójico y desgraciado donde la humanidad, electrificada en circuitos binarios, hacía frente a máquinas humanoides, replicantes, que como frankensteins de una nueva era luchaban contra su desagradecido Dios. Allí el director supo ambientar excelsamente un lúgubre futuro que perturbaba: flujos de neones se trasponían en un perpetuo gran diluvio donde el humano se negaba a subir al arca.

Mientras el director logró plasmar esta imagen en una pantalla de el cine, Yellow Days, 34 años después, logra hacerlo melódicamente en su corta obra Harmless Melodies . El solista londinense, con apenas 17 otoños, en su primer disco nos pasea por callejones solitarios de ladrillos grisáceos iluminados por tenues carteles de neón que al leer las palabras que forman nos quitarán ese triste sentimiento de naufragar.

Desde el comienzo, durante la Intro notamos una voz antigua y ronca, cual sabio de la edad media, manifestándonos sus ideas sobre la creatividad entre melodías etéreas y bases lúgubres, haciéndonos dudar de la corta edad del cantante. Dicha voz efectivamente no es del artista, sino de Wilson Winicott, psiquiatra y pediatra, grabado en una conferencia a sus 68 años. Sin embargo, al finalizar el primer track, la  verdadera voz de Yellow Days estimula la segunda tonada. Nos quedaremos igualmente pasmados ante un aullido grave y desgarrador propio de una experiencia condensada en pocos años, esa que se necesita para saber llevar un buen soul.

Durante toda su obra veremos una reconstrucción moderna y electrizada del slow soul.  Su particular vocalización se une a una batería y un bajo en primer plano que ambos conforman una pareja indivisible y preponderante, asemejando y atentando en un mismo movimiento contra la utilización que el hip-hop hace de las bases. De esta manera nos encontraremos mirando fijos los colores difuminados de las luces, viendo cómo la santa triada de voz, batería y bajo retiene como puede el gas de neón que ilumina los pasillos, que inevitablemente se escapa por los intersticios en forma de punteos serenos, arpegios de teclado ochentosos e imperceptibles recursos electrónicos.

Resulta difícil dividir una disco tan sólido y corto; Si hubiera sido Yes, mítico conjunto de rock progresivo, tal vez habría sido una sola y heterogénea canción. Yellow Days nos sumerge en un cercano futuro lluvioso, a la manera de Blade Runner, pero sin el velo gris y desesperanzador de la película. Simplemente bello a su propia manera, a través de tenues luces que llegan a nuestros oídos a una milésima de su velocidad natural.

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