Raíces Negras, alma de blues (Black Roots, Soul & Blues)

Por Alejo Ruiz 

Un momento en la vida de uno de los artistas de blues contemporáneo más reconocidos de la escena actual y su último álbum de estudio, un homenaje a uno de los dioses del rock

Sentado en una cómoda silla de madera tapizada con un cuero negro y brillante , afinaba su guitarra sin prestarle mucha atención a las clavijas. Su mirada se desviaba constantemente hacia el brillo de la escena. Lo veía caminar por ahí, indiferente, ostentando una humildad heroica. El cantante de Soundgarden sonreía moviéndose detrás del telón, dando órdenes, ajustando los relojes, asegurándose que nada estuviera fuera de lugar cuando el recital comenzara. Mientras él, recogido en un rincón, aguardaba la señal.

Noruega le había azotado la cara todo el día con un frío que partía los dientes. El Folketeateret los había acogido cálidamente pero por alguna extraña razón su cuerpo no lograba recuperar la temperatura perdida en el mismo momento en que puso sus pies en aquel país nórdico. Intentaba calentar los dedos como podía, frotándolas cada tanto contra sus piernas, agitando y estirando los dedos uno por uno, golpeándose las rodillas. El vaso de whiskey, fiel compañero, mantenía las cuerdas vocales atemperadas y el alma preparada para lo que fuera. Incluso para una presentación como aquella.

Podía escuchar el resonar acústico de los pasos pesados entre las butacas del teatro y el murmullo de las voces ansiosas. El calor humano flotaba en el aire, cubriéndolo todo de una espesa neblina invisible. Los primeros fanáticos ya habían llegado, su estómago lo sabía. Sentía la sangre fluir a borbotones por sus venas, el vértigo que anuncia la subida inminente, la salida a la luz, el parto escénico.

Chris Cornell lo miró de reojo y se detuvo un segundo a su lado para inyectarle una dosis de coraje con una palmada en el hombro. “Oslo es todo tuyo Xavier Dphrepaulezz. El público es la pluma, déjalos escribir tu nombre”, dijo y siguió su camino. “Qué locura”, pensó, “¿qué mierda habrá querido decir?”, se río por dentro. Acabó el vaso de un trago, se enderezó y arpegió unas pocas notas mudas en su guitarra, guiñando un ojo al resto de su banda.

Se perdió un instante en el vacío. Metiéndose hacia adentro, recorriendo sus tripas en un viaje gastrointestinal en busca del origen del vértigo que lo embriagaba. No eran nervios, llevaba años recorriendo escenarios. No era su primera vez. Era la emoción de pensar en su pasado, en su vida antes de convertirse en Fantastic Negrito. Su memoria lo embebía en una vibración alucinante, siempre lo hacía. ¿Cómo había llegado a Oslo como telonero de la gira de presentación de Higher Truth? El recuerdo suele llevarnos por senderos impensados y ahí se dirigió, tenía todavía diez minutos para perderse en el laberinto de su historia.

El 2014 parecía ya tan lejano y sólo habían pasado dos años. El ’99 sí que quedaba a muchos kilómetros de distancia, ese accidente de auto casi lo mata. Mierda, realmente estuvo tres semanas patinando por un coma profundo y vivió para contarlo. Pero nada había sido fácil, el despertar no lo esperó nunca con un mañana. No hubo una venta masiva de discos en su ausencia. Su estadía en el hospital no se había convertido en un pasaje al estrellato. La insistencia era lo que valía, escuchaba a todo el mundo decir por aquel entonces… el nuevo milenio y sus mil frases de libro de autoayuda. Nada cambió demasiado. Nada le impidió que en el 2007 abandonara la música y la ciudad que lo había visto nacer para refugiarse en el campo a cultivar marihuana en soledad.

El viaje en el tiempo se volvía un poco oscuro. De regreso en Oslo, pestañeó y miró al vaso vacío apoyado junto a un cenicero en la butaquita de cuero que hacía las veces de mesa ratona. Ya era la hora, se puso en pie de un salto y con un gesto reunió a la banda junto a la pequeña escalera que los conduciría a la superficie, donde el público aguardaba llenando el teatro de susurros. La infancia no había sido una publicidad de galletitas, pero no se quejaba, había sabido buscarse la vida, de otra forma no estaría ahí. Apostaba a que sus trece hermanos habrían estado orgullosos cuando en el 2014 decidió volver al estudio de grabación, con un nuevo nombre y un EP bajo la manga. Fantastic Negrito llegaría a la escena como el hombre que decidió volver a las raíces negras de la música para machacarlas sin temor, hasta lograr exprimir un elixir afrodisíaco que sabía a blues, añejado durante décadas en un barril de soul y rock & roll.

Las luces del teatro impactaron en sus ojos al tiempo que los aplausos destrozaban el silencio. Con una inclinación de cabeza acomodó las tripas que rugían furiosas, aguantando impacientes el momento en que la presentación inicial diera lugar al primer acorde y la garganta rugiera libre con la violencia de Lost in the crowds. Se sentó en la silla que le habían reservado y el suave eco del “Hello” de su voz le devolvió el recuerdo del saludo que lo llevó hasta allí.

Su mente lo teletransportó a una fiesta, meses atrás. Una mano se posó sobre su hombro derecho. El contacto inesperado casi lo hace volcar el trago. Giro sonriendo y estuvo a punto de atragantarse cuando se encontró de golpe frente a el legendario Chris Cornell.

-Ey, ¿Fantástic Negrito?

-Si – respondió cerrando la boca, con un gesto de grandeza hacia la mosca que estuvo a punto de tragarse.

-Increíble, te vi en YouTube tocando en la calle y me quedé toda la noche buscando música tuya. Soy Chris, por cierto.

Una copa condujo a otra y la charla se fue extendiendo hasta que llegó el momento de la despedida. Tiempo después, una mañana de febrero, le llegó la noticia de que su nombre circulaba como uno de los posibles teloneros de Cornell para la gira de presentación por Europa de su último álbum solista. Y allí estaba finalmente, en un escenario de Oslo frente a un público hundido en rígidas butacas de cuero. Incómodo a más no poder, pensando en qué haría el dios del rock que aguardaba tras el telón, cuando se sentara en esa silla que él le estaba calentando orgullosamente.

¿Estaría pensando en todo esto Fantastic Negrito cuando lanzó el último 15 de junio su último álbum Please Don’t Be Dead (Por favor no estés muerto)? ¿Qué escena se estaría proyectando en su mente cuando grabó Dark Windows en homenaje al difunto cantante de Soundgarden y Audioslave?

Desde 2016, cuando todas las puertas se terminaron de abrir de par en par con su primer LP The Last Days Of Oakland – que le significaría un Grammy al mejor disco de blues contemporáneo en 2017- la carrera de este músico se encuentra en un camino de ascenso desenfrenado.

Su último álbum es alucinante, tanto o más que su historia. Una mezcla de blues, soul y rock del mejor rompen la burbuja de plástico que hace gala en muchos rincones de la industria de la música. Una inyección de poder, de movimiento, de un rimo que sacude el cuerpo desde ese género black roots del que le le gusta hablar a Fantastic Negrito.

El artista que supo ser apadrinado por Chris Cornell y acompañado en los noventa por el manager de Prince, sigue por el camino que decidió retomar en el 2014, esa ruta que desfila por los contornos de los géneros, atravesando paisajes ásperos, poco iluminados pero aún así brillantes.

 

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