Un vacío sin tiempo ni lugar

Por Dante Malaspina

“Nada ha cambiado y sin embargo todo existe de otra manera”. La Nausea, Sartre (1938)

Melody of Certain Damaged Lemons del trío italo-japones Blonde Redhead, compuesto por Kazu Makino y los gemelos italianos Simone y Amedeo Pace tal como su nombre lo indica no es una obra para cualquiera. Sólo aquellos que puedan apreciar lo profundo de lo que parece un callejón sin salida, o mejor dicho aquellos dañados, podrán apreciarlo.

Las primeras y enigmáticas notas revelan la experimentación que va marcar la totalidad del disco. Un par de flautas, únicos vientos en la integridad de la obra, soplan una dulce y simple melodía. Sin embargo, una de ellas pierde el temperamento y acelera frenéticamente el ritmo perdiéndose en escalas desconocidas, dejando confundidos en un mismo movimiento a la otra y a nosotros.

Aquella discusión entre instrumentos a lo largo del disco adquiere palabras. Por un lado  la voz chirriante y suave de Makino que refleja la introspección de un ser vacío, y por el otro la voz de Amedeo Pace que trata de encontrar el displacer de una vida prefabricada. Ambas se hallan rodeadas por una neblina de confusión en la  que avanzan sólo para encontrarse con sus propias huellas en el barro.

Las vocalizaciones de la japonesa suelen estar signados por efectos de teclados que crean un ambiente tétrico donde la guitarra consigna cortos y efectivos punteos, mientras la batería se adapta dócilmente a cualquier cambio de humor del fragmentado/a protagonista. De esta manera genera la empatía desde la cual surgirá la necesidad de querer ayudarla a salir de un circulo vicioso. Auxilio al que responde los momentos cantados por el italiano, Pace, donde se nota una impostada seguridad en sí mismo que se desmorona a la primera duda mediante riffs crudos de bajo y guitarra; mientras el piano, antes opacado, adquiere un primer plano ampliamente merecido.

Luego de las vueltas e idas, nos dedica no una sino dos canciones a los dañados, For the Damaged y For the Damaged Coda. Siendo que si comprendimos su penar, la melancolía nos une en un pasado compartido de mismas experiencias con distintos personajes; todos magníficamente interpretados por un piano que aprovecha el espectro de su tonalidad acompañado por la voz angustiosa y leve de la japonesa.

La obra con su calidad emotiva puede dejar un sabor amargo. Sin embargo, adquiere otro sentido si pensamos por un segundo que cada uno está a horadado a su manera a través de distintas lesiones, siendo que en esos huecos yace el ojal donde pasará la aguja para unir las experiencias con lo que somos. Algunos vacíos serán más grandes de lo que pensamos, otros… imperceptibles al ojo ajeno.

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